5 situaciones difíciles que te ocurren si sufres de ansiedad

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Situaciones que nadie más entenderá. Imagen: Vértigo

Si la vida te da limones, dispara como Mega Man.

La ansiedad es uno de los problemas que más confunden mis amigos con la impaciencia, y que, desafortunadamente, ven como algo normal y tratan de minimizar el problema. 
 
 
Entre 1990 y 2013, el número de personas con depresión o ansiedad ha aumentado en cerca de un 50%, de 416 millones a 615 millones. (Organización Mundial de la Salud).
 
 
Hace algunos meses traté de volver a salir a la calle como lo hacía antes de tener esta complicación (realmente sólo salgo a trabajar porque es necesario, pero no más), pero los comentarios de algunos de ellos me regresaron a otro encierro de unas dos semanas. 
 
 
Cuando se me ocurrió decir que “tenía ansiedad” y no me sentía cómodo con la situación, ni tardo ni perezoso uno de ellos se soltó a decir: 
 
 
Oh, sí, claro que te entendemos. A mí también me da ansiedad a cada rato, sobre todo cuando estoy en las filas del súper o el metro tarda mucho en pasar.
 
 
A pesar de que me considero una persona muy tranquila, no había sentido tanta rabia e indiferencia ante ese comentario. Casi de inmediato me calmé y preferí cambiar de tema, porque realmente no es su culpa, sino la cantidad de información errónea que existe sobre esta condición de salud mental.
 
 
 
 
Según la encuesta para el Atlas de Salud Mental de la OMS 2014, los gobiernos gastan por término medio un 3% de sus presupuestos sanitarios en salud mental, cifra que oscila entre menos de un 1% en los países de ingresos bajos y un 5% en los de ingresos altos.  (Organización Mundial de la Salud).
 
 
No sólo se trata de información mal encaminada, sino que las personas tampoco le dan la importancia suficiente y tachan de dramáticos a aquel que la padece, estando en un diagnóstico médico aprobado o recién presentando los síntomas. 
 
 
 
 
 
No soy un experto en el tema ni mucho menos un médico, pero sí soy alguien diagnosticado que, a lo mejor con las siguientes situaciones, puede darte un poco de calma y saber que, aunque es difícil, es posible vivir así. 
 
 
AUNQUE TODO ESTÉ BIEN, SIEMPRE SIENTES QUE ALGO ESTÁ MAL
 
 
A lo mejor esto no les pasa a todas las personas, y en mi particular caso, lo asocio mucho a la depresión que se convirtió en mi compañera de habitación.
 
Muchas veces, aunque tú sepas que las cosas están en orden, estarás pensando que de seguro algo va a explotar en cualquier momento, o peor aún, que como no te hacen comentarios de lo qué haces, hay algo malo en eso. 
 
 
 
Las cosas se ponen peor cuando interpretas los silencios como signos de desaprobación, aun cuando las personas sólo quieran estar calladas.
 
 
SIENTES QUE TU RELACIÓN ES UNA CARGA 
 
 
Tener una relación es de las cosas más bonitas que pueden pasar en el mundo, y con ansiedad es un arma de doble filo.
 
Tu pareja puede tener toda la comprensión del mundo y darte palabras de apoyo, pero en ocasiones, notarás que le hace daño verte así (y vamos, es normal, después de todo, es una persona que te quiere y está compartiendo parte de su vida contigo).
 
 
Amarme es amar a una casa embrujada. Es divertido visitarla una vez al año, pero nadie quiere vivir ahí.
 
 
 
Si tienes la inseguridad de que tu relación esté afectando a la otra persona, es importante que lo hables, pues fácilmente podrías eliminar el pensamiento de que eres una carga para el otro. 
 
Recuerda, lo mejor es expresarte con claridad.
 
 
TE PREOCUPAS PORQUE TE DE UN ATAQUE DE ANSIEDAD
 
 
Dependiendo de la gravedad de tu condición te encontrarás en esta situación. A título personal, tengo ataques donde la “adrenalina” y todo este licuado de sentimientos recae en mis manos, provocándome temblores que desencadenan una ola de emociones que me ponen todavía peor. 
 
Que algo de esto me ocurra en casa no es problema. Sé que nadie me ve. Sé que me tengo que controlar y que puedo tomarme cierta cantidad de tiempo, pero en la calle es diferente. 
 
 
 
Alguna vez durante una de mis relaciones me ocurrió que me sacaron de un centro comercial porque me temblaban las manos y creían que venía drogado… situación bastante incómoda que me dejó con un trauma que ahora me hace reprimir esos episodios y mantenerlos en control hasta que pueda llegar a casa a liberarlo. 
 
 
SIENTES QUE LA FELICIDAD QUE TIENES ES PARTE DE UNA GRAN MENTIRA 
 
 
La situación es esta: si eres una persona bajo tratamiento médico, seguir las órdenes de tu doctor de cabecera al pie de la letra es una base muy importante. Ok, estamos bien con eso. 
 
 
 
 
Tomas tus medicinas, la situación mejora de manera gradual hasta que te empiezas a cuestionar si tu felicidad es por los medicamentos o por mérito propio (spoiler: depende más de ti), y te sientes un poco “mal” porque no puedes ser feliz si no tomas dicha medicación (o mejor dicho, eso es lo que tú crees). 
 
 
TIENES ENERGÍA DE MÁS… O ENERGÍA DE MENOS
 
 
Decir que todos sentimos lo mismo es imposible. Cada uno experimenta la ansiedad de manera distinta, así que probablemente mi descripción no termine de congeniar con la tuya. 
 
En mi particular caso, siento una explosión de energía cuando llego al punto de no controlarme, y necesito mantenerme ocupado en lo que sea (neta, lo que sea) para que los temblores no me lastimen más o me dejen con un dolor de manos horrible. 
 
 
 
Algunas ocasiones he sabido aprovechar esto y me he puesto a limpiar de manera compulsiva, o utilizo la energía para salir a correr, aunque sé que debería buscar otra manera, pues no puedo salirme a correr de la oficina o ponerme a limpiar los vagones del metro (o lo que sea). 
 
 
LA PARTE MÁS IMPORTANTE ES… 
 
 
Está de más decirte que esto se trata más que de “echarle ganas” o de que la gente te diga “que te calmes” (sabemos que sus intenciones son buenas, pero las palabras no son las correctas). 
 
Es de carácter obligatorio buscar ayuda profesional cuando se trata de estas situaciones, pues, aunque tengamos la mejor disposición del mundo para salir adelante, a veces necesitamos que nos echen un poco la mano. 
 
No te deprimas ni te sientas mal por estar así. Es difícil aceptarlo, y aunque no te conozca, seguro has pasado mucho para sentirte entre la espada y la pared. 
 
 
 
Es posible continuar con tu vida, quizá no de la misma manera como antes de que todo esto ocurriera, pero no estás solo. 
 
Si necesitas ayuda, aquí estamos. Sé fuerte. 

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